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Este médico homeópata reflexiona a la luz de la Antroposofía, e invita a interpretar las dolencias como llamados de atención.

"En los inicios de la humanidad, la enfermedad tenía puramente un sentido espiritual: eran los dioses quienes la enviaban como un alerta para el ser humano. Entonces, había una conexión directa entre el mundo de la materia y el mundo espiritual. De hecho, la medicina estaba en manos de los sacerdotes; la Biblia está plagada de historias de enfermedades y curaciones donde hay correlación entre lo Divino y lo humano. El ser humano enfermo 'tenía algo' en el espíritu -cuenta el doctor Sergio Grines, médico homeópata, que trabaja con orientación antroposófica-. Épocas más tarde, la enfermedad se atribuyó al demonio. Entonces dejó de ser un mensaje de la Divinidad, para tratarse de un mal enviado por fuerzas demoníacas. Pero el cambio radical se produjo a fines de siglo XIX, principios del XX, cuando la Medicina y el ámbito de la salud pasaron a estar gobernados por la ciencia material, que explica la enfermedad a la luz de lo que puede percibir con los sentidos. Lo que no se ve o no se toca, no existe. Es en verdad un prejuicio intelectual: 'lo que no percibo con mis sentidos, no existe'. Así se enmarca la Medicina que aplicamos hoy los médicos y la que se enseña en la facultad también", resume el doctor Grines.
"La Antroposofía, en cambio, sostiene que la enfermedad surge en determinado momento de la biografía de la persona como compensación de hechos del destino o de la propia biografía, que no han tenido su evolución en el momento apropiado; como un alerta de algo que previamente no fue desarrollado. Y allí cambia completamente el enfoque -afirma Grines-. Lo estático ('estado de salud', 'estado de enfermedad') cambia por lo dinámico, donde la enfermedad me sirve de alerta, y yo despierto a algo que no desarrollé, que no evolucioné, algo que tengo que transformar de mi vida. La enfermedad pasa a ser un camino iniciático, una especial manera de comenzar una transformación".
¿Qué tipo de enfermedad puede ser comprendida de esta manera? ¿Todas, cualquiera, hasta una gripe? ¿O se aplica a las dolencias más importantes?
- Esto depende de la etapa biográfica del ser humano. En los primeros 21 años de vida, los primeros tres septenios, etapa en la cual es el cuerpo físico el que se está desarrollando, madurando, fortaleciendo, en general se viven enfermedades infecciosas, a partir de las cuales el niño o el joven se enfrenta con un germen determinado, su sistema inmunológico lo vence, y adquiere inmunidad frente a ese germen. Es decir, un niño se encuentra con el virus de la varicela, lo enfrenta, su sistema inmunológico aprende la lección y este niño no se vuelve a enfermar de varicela. El sentido de la enfermedad en esta primera etapa de la vida es precisamente desarrollar inmunidad, que el sistema inmunológico aprenda a enfrentarse con el medio que lo rodea. El niño está aprendiendo a confrontar con su medio ambiente y el sistema inmunológico está aprendiendo a enfrentar a los gérmenes que rodean al ser humano. Si nosotros inhibimos esta posibilidad es como sacar a un niño del jardín de infantes porque tiene problemas de relación: entonces el niño se aísla y nunca aprende la lección. En cambio, si confronta con este mundo y ve cómo hace para vincularse, va a seguir aprendiendo y va a seguir fortaleciéndose. Y lo mismo pasa con el sistema inmunológico: si uno sueña con sacarle todos los gérmenes, no se inmuniza nunca, no se fortalece, no aprende la lección.
En la etapa media de la vida, entre los 21 y los 42 años, cuando se produce el desarrollo anímico del ser humano, el tipo de enfermedades en general son psicosomáticas. La persona internamente percibe que hay una relación entre sus síntomas físicos y su manera de aceptar las circunstancias emocionales, las situaciones que vienen a su encuentro. La persona descubre a partir de estas enfermedades que tiene que hacer algo para fortalecer su alma: su pensar, su sentir y su actuar. El ser humano descubre así que tiene que desarrollarse y fortalecerse interiormente. Si no lo hace, su vida pierde la posibilidad de tenerlo a él como quien la gobierne.
A partir de los 42 años, el tipo de enfermedades tiene más que ver con el cuerpo físico y con lo orgánico concreto y tienden más a lo crónico porque el cuerpo empieza a decaer. Estas enfermedades traen al alma el mensaje de que existe la posibilidad de la muerte. Con lo cual también aparece la idea de trascendencia, que la vida es finita y que el ser humano necesita trabajar y desarrollar su espíritu. Por eso esta es la etapa del desarrollo espiritual de la persona, me refiero al compromiso con la humanidad, con el planeta. Es el momento del fortalecimiento del espíritu, un trabajo que hay que hacer ya no con el cuerpo sino trascendiéndolo.
Desde esta perspectiva, el concepto de salud no es ya la ausencia de enfermedad sino la manera en que el ser humano enfrenta las distintas circunstancias que vienen a su encuentro.
¿Qué pasa cuando, en la primera etapa de la vida, se responde a las presencias infecciosas con antibióticos?
- Lo que ocurre es que el cuerpo va a insistir en seguir aprendiendo. Cuando vemos por ejemplo anginas a repetición, no es que "el bicho" está enfermando a ese chico, sino que lo está invitando a que el sistema inmunológico responda. Lo que observamos frente a la toma sistemática de antibióticos es que los que aprenden son los gérmenes, que se hacen cada vez más resistentes. Y el que no está aprendiendo nada es el sistema inmunológico. Si las lecciones no se aprenden en las primeras etapas de la vida, cuando el cuerpo es más fácil de modelar -porque el niño puede tener una varicela sin que esto le deje ninguna secuela, en cambio a los 45, 50 años, los aprendizajes implican un costo físico concreto-, se harán más tarde. El cuerpo siempre busca su aprendizaje.
-¿Por qué se recetan tantos antibióticos?
- Es por la manera en la que se mira la realidad. Si la realidad es solamente física, y lo que existe son sólo bacterias, la manera rápida de enfrentar la enfermedad y eliminarla rápidamente es con antibióticos. Pero esto sucede porque no comprendemos que es parte de un proceso: el cuerpo sube su temperatura corporal para crecer, se trata de un niño que está intentando madurar.
¿En algunas ocasiones sí es necesario el antibiótico?
- Bueno, en cuanto a mi experiencia particular, cuando yo veo que el sistema inmunológico de un niño, acompañado por sus padres, y por medicación natural, homeopática o antroposófica, no tiene una respuesta pasados días prudentes, entonces el antibiótico puede ser un elemento de utilidad. Pero después de superado ese momento, seguramente nos juntaremos con los padres a conversar cuál es el contexto que está detrás de un síntoma tan importante que requirió la ayuda de un antibiótico. Una vez resuelta la situación, no hay que dormirse y decir "ya está, quedó en el pasado", sino tratar de comprender el significado que en ese niño y en esa familia tuvo ese síntoma. Lo importante es no recortarlo del todo del contexto global: la enfermedad nunca es un hecho meramente físico.
¿Ni siquiera en los primeros 21 años?
- No. Es el espíritu el que está trabajando sobre el cuerpo para modelarlo y hacerlo apto para sus fines. Es el Yo del niño el que está modelando esta materialidad física para lo que él necesita para su desarrollo anímico y espiritual. El cuerpo es instrumento del espíritu. A veces este modelaje implica enfermedades. Por eso un niño después de un sarampión por ejemplo, cambia sus facciones, luego de pasar por esta etapa de "carita sucia" como se dice, el niño crece en altura, y todos los que lo conocen refieren que el niño se parece más a sí mismo y menos a sus padres, porque ha hecho un proceso evolutivo de maduración de su propia individualidad, este es el sentido que tienen estas enfermedades: que cada individualidad se desarrolle de acuerdo a su propia esencia.
Muchas veces los cuadros febriles tienen que ver con el detenimiento de un proceso madurativo, y el síntoma viene a invitar al niño a crecer. La mononucleosis, por ejemplo, que es una enfermedad de la adolescencia, invita al joven a un repliegue de 30 días, de estar en cama, cansado, con fiebre. Muchas veces después de esta etapa el joven da el paso evolutivo que tenía estancado: define su vocación, o su pareja, etc. La enfermedad aparece entonces como algo que lo retira del campo de batalla cotidiano para permitirle detenerse a observar su realidad y tomar conciencia. Por eso esta frase de la Antroposofía que dice que 'la enfermedad se da como compensación de algo que no se ha desarrollado'.
Entonces, ¿cuál es el consejo concreto ante la enfermedad? Porque al médico hay que ir…
- Por supuesto. Yo creo que hay dos trabajos. Uno es el trabajo terapéutico frente a la enfermedad: puede ser la alopatía, la cirugía, la homeopatía, la medicina antroposófica, la medicina ayurvédica, la acupuntura. También la terapia psicológica en cada uno de sus encuadres, gestáltico, psicoanalítico, lacaniano, terapia corporal, terapia artística, osteopatía. Es decir: buscar ayuda afuera. Con lo cual también tendré una mirada objetiva externa para ampliar la comprensión de lo que me está pasando. Y por otro lado, está el trabajo que cada uno puede hacer consigo mismo, cómo coloca lo que le sucede a la luz de su propio destino. Y ese es un trabajo individual. El hecho de poder ver el sentido evolutivo de cualquier circunstancia, por adversa que parezca, es un generador de salud. Es "salutogénesis" . El ser humano es más humano si se auto-transforma y se permite evolucionar. El objetivo es que cada persona evolucione como individualidad única, que encuentre su camino, su misión, su posibilidad de darse a la humanidad. Cuando el ser humano está en su camino evolutivo, la consecuencia es que se siente bien. El efecto colateral de esto va a ser que va a estar más sano. Comprendiendo que 'salud' no es la ausencia de enfermedad, porque la enfermedad como tal tiene multiplicidad de factores, muchos de los cuales tienen que ver con elementos kármicos que no se pueden comprender. No es la ausencia de enfermedad. Es cómo, aunque mi cuerpo tenga alguna dolencia, continúo mi desarrollo.
Qué es la Salutogénesis
A fin del siglo XX, el médico sociólogo israelí Aaron Antonovsky se propuso encontrar los factores de salud entre sobrevivientes del Holocausto. Así surgió la Salutogénesis, que ya no busca las causas de enfermedad sino del origen de la salud del ser humano. El profesor Antonovsky describe a partir de su estudio estadístico lo que él denomina los "recursos de resistencia del individuo": su situación familiar, económica, productiva, laboral, social… factores subjetivos y objetivos que rodean a la vida de la persona y confluyen como factores salutogénicos: que favorecen la salud. Después describe un segundo ítem: el "sentido de coherencia individual", en el cual se enmarca la visión que tiene la persona de aquellas circunstancias que vienen a su encuentro, como desafíos existenciales. Es decir: de acuerdo a la capacidad de integrar, por ejemplo, una enfermedad dentro del Todo que es la propia vida, será el sentido de coherencia que uno tenga. Esto es un factor salutogénico a partir del cual el estrés, por ejemplo, deja de ser un enemigo. Si yo comprendo las circunstancias adversas como algo que me invita a fortalecerme, pasa a cobrar un sentido dentro de mi existencia. A partir de esta idea surge otro término que es la "resiliencia": la capacidad del individuo de fortalecerse a partir de la adversidad. En cada etapa de la vida, va a tratarse de resiliencia física, los primeros 21 años; anímica, de los 21 a los 42, y resiliencia espiritual, 42 en adelante.
Volver al ritmo cósmico
"Por más que sabemos que el cuerpo humano vive internamente relacionado con el cosmos, con el día y la noche, con el sol, con la luna y demás, en la Medicina no se estudian esos ritmos. Nuestro vínculo con el cosmos está cortado. Se acepta que una planta para vivir realiza el proceso de la fotosíntesis y requiere del Sol: hay una relación entre la vida en la Tierra y el cosmos. Pero no se reconoce que esto también sucede con el ser humano. Hay hormonas y neurotrasmisores dentro del cuerpo que funcionan siguiendo un ritmo de 24 horas, y la alteración del ritmo sueño-vigilia trae enfermedades. Pero esto es negado, desconocido… Si la medicina material es la que tiene el gobierno de la enfermedad y la salud, el ser humano para curarse necesita recurrir a la ciencia: él no tiene nada para hacer. Entonces la enfermedad deja de operar como una alerta, como una señal en el camino evolutivo de la persona. Y pasa a ser algo malo, algo que 'me acontece' y que rápidamente me tengo que sacar de encima", sostiene el doctor Sergio Grines.
El peligro de las analogías
"A veces aparecen ideas del tipo 'tengo dolor lumbar porque estoy mal económicamente, y si logro relajarme respecto de mi problema económico, se me va a pasar el dolor'. Seguramente se puede hacer analogías entre determinados fenómenos que ocurren en el interior del cuerpo con determinadas circunstancias anímicas que actuaron como disparador. El tema es que muchas veces eso se transforma en un auto-enjuiciamiento que puede llevar a una interpretación errónea de lo que el cuerpo nos está queriendo decir. En realidad, en el caso del ejemplo, es tan sintomático el dolor lumbar como que se recaiga siempre en el problema económico. Lo fundamental es integrar la enfermedad en la propia biografía, y comprender el Todo. En esa integración surge la curación", explica Grines.